Gorian descubre el URUGUAY

Todo comenzó en la década de 1930, marzo, cuando nuestro padre, el famoso patriota irredentista de Gorizia, caballero  Raimundo  (MUNDI para la familia y amigos) nos dejó a los cinco hijos (tres niñas y dos niños), después de una larga y dolorosa enfermedad. ¿Quién habría continuado el vivero, los invernaderos, la tienda de flores que habíamos heredado de nuestro abuelo Francesco? Debería ser el hijo varón mayor , el sucesor de la hacienda?- Igual que sus antecesores? ¿Cómo?

Al parecer, nunca me había interesado mucho en el esfuerzo constante, las privaciones, y sacrificios íntimamente ligados a la floricultora, arte  a la vez difícil y  hermoso. Tuve la suerte de estudiar (no tanto), jugar al fútbol, el esquí y el alpinismo (suficiente) y, como suele ocurrir cuando uno se encuentra sobre los 17-18 años, corriendo detrás de las chicas (mucho).

Hubo un consejo de familia, se decidió enviar al joven tan pronto como fuera posible a Florencia, al inicio del año escolar 1930-1931 durante al menos tres años para asistir a la escuela ya entonces famosa de Fruticultura en la Cascine, no para que profundizara latín y griego, como hasta ahora, pero especialmente en floricultura, horticultura y jardinería.

Debo admitir, sin embargo, que las nociones de lenguas clásicas aprendidas en la escuela primaria bajo el imperio austro-húngaro y a pesar de los  sistemas de estudios de aquella época, tuvieron la decisión innegable para mantenerme a flote con brillantez para superar los escollos de las inevitables nuevas enseñanzas científicas de la Escuela Cascine Florencia. Me da vergüenza declarar que normalmente quedaba siempre en primer lugar en todas las evaluaciones y todos los exámenes prácticos de la campaña,  huerta, invernadero y laboratorio. Esta clasificación, sin embargo, por último pero no menos importante, me permitio aprovechar conseguir algunas becas, dineros en efectivo de Gorizia, Instituto de Crédito para Venezia, que habían decidido apoyarme en mis estudios para mantenerme, con toda dignidad.

Sí, porque he guardado silencio hasta ahora sobre el problema significativo de los limitados medios de la época y dando por descontado que mi familia, nunca, nunca, habria podido mantenerme  estudiando hasta la fecha y durante tanto tiempo.

Terminado el capítulo Florencia, donde  tuve como profesor a  Alessandro Morettini, Pietro Porcinai, Turcos Antonio, E. Passavalli  y compañeros de estudios, como los diversos Breviglieri, Bonfiglioli, Bianchi Cesarino y otros, y docenas de otros grandes nombres, venian muchos  alumnos de  Liguria,  Toscana y Romaña, que luego de unos dos años, de vuelta a sus tierras, llegaron a ser profesores y directores en centros como el instituto Vocacional Agrícola. El sueldo era miserable, cuesta mucho, querida vida (ya en esa época …). Con cuatrocientos cincuenta liras al mes no es que se pueda hacer mucho y también  mi hermana mayor, una maestra de escuela primaria, dio casi todo su sueldo para ayudar a la continuidad del vivero, una hacienda precaria y tienda de flores, la actividad en déficit.

Entonces fui a África Oriental para ver incluso un poco “si realmente era el sol que nos habían prometido”. Yo era como todos los demás soldados repatriados al final de las operaciones en África y ya no se habló. En 1938 pasé un año en Pontine como sub-encargado, pero la vida del agricultor y la llanura no me gustaba para nada, de hecho yo estaba obsesionado profundamente con las montañas.

Siempre he buscado en mi vida, a las montañas, un poco porque es difícil de subir, me gusta salvar problemas, pero luego está la satisfacción, un poco “a medida que descubrimos nuevos horizontes” y luego más y más y nunca satisfecho. La llanura me molesta, me oscurece, me desmonta. En cuanto me vea aparecer, después de horas y horas de llanuras, colinas, montañas, bosques, valles, escarpadas, ríos de cristal de roca en roca, hierba, el olor a almizcle, resina, hongos, madera, me siento renacer y me fascina,me quedo como hipnotizado. Yo voy a empaparme de estas imágenes, pinturas, yo  disfruto, estudiándolos, me quedan grabados, impresionados en la memoria (con poco esfuerzo en realidad) y cuando lo recuerdo me invade la nostalgia. Bueno, sí, yo habría nacido en las montañas o en las llanuras, pero el hecho es que nadie es dueño de donde quiere nacer.

Recuerdo que cuando estaba avanzando en el Ogaden y se intuia  en el horizonte un pensamiento montañoso, oh!, por fin una montaña!. Pero era una ilusión: era una simple meseta, se llega subiendo en un paseo interminable. Una vez arriba, oh decepción!, toda la cadena de plano, pero de nuevo las montañas en el horizonte, muy lejos. Fuimos a verlo (con camiones militares, claro) usando el típico inevitable plano inclinado largo, pero no nos dabamos cuenta de lo que estaba pasando, sólo simplemente habian desaparecido.. Este sistema supera los mil metros de altitud a lo largo de cientos de kilómetros. con pendientes ridículas, insensible, hasta que llegamos la cima, del Harrarino, en el corazón del desierto, al caer la noche, muertos de cansancio. Todos al suelo, a dormir, sin poder ver las caras en  la oscuridad. Los rayos cálidos y brillantes del dia siguiente al despertar, abrí los ojos y vi un espectáculo inolvidable. Me quedé dormido sin haberlo notado, en el borde de un bosque (que nunca había visto antes, pero que tipo de bosque?)- Y eran árboles forrados de muchas flores rojas enormes como embudos, me alegró y le hizo cosquillas mi curiosidad, desde aquella carpa. Eran Hibiscus Sinensis rojos, los mismos árbustos que mi padre había cultivado con esmero en un invernadero, con el cuidado y diligencia, y era demasiado si hubieran llegado a medio metro de altura, en macetas.

No he sufrido barreras, cierres, los límites, las ejecuciones hipotecarias. Cuando fui a esquiar, las paredes de piedras que cortarban la calle más bonita, me daban mas  de una molestia. Nunca he sido capaz de permanecer inmóvil, fijo en un solo lugar. Yo era, y quizás aún lo soy, un alma perdida, un alma errante.

En 1947, yo estaba en Florencia, en Piazza del Carmine y trabajando en la compañía “The Garden”, se me presentó la oportunidad de conocer a algunas damas uruguayas a las que pregunté si allí, en su país, había la posibilidad de hacer algo. Una de ellas respondió: “Yo no prometo nada, sólo la promesa de un interés, para hacer las cosas que faltan por hacer, porque es un país joven, que necesita cerebros y nuevas fuerzas. Si vienes, trae tantas semillas de flores y arbustos, y luego ya veremos “, me dijo esto.

Pero se necesita dinero para comenzar, ya que no se puede emprender con la familia para ir a otro continente a doce mil kilómetros, lejos, sin dinero. Era una situación sin salida. Después de estar convencido y entregado a Florencia  con todas mis ilusiones, me acordé de que tenía un amigo en Italia, (Gorizia), un amigo de la infancia, quien sabe …. Cogí mi familia,  mis proyectos, los  llevé a Gorizia y se lo mostré a mi amigo que, sorprendido de mi petición, después de la comprensible preocupación de todo buen cristiano, me dijo que sí, que me prestaba las 500.000 liras (aproximadamente, de aquellos tiempos), para devolverselas apenas fuera posible.? – Pero… comentó ¿Y si el barco se fuera a pique?

En este punto intervino su esposa con esta observación: “Bueno, si el barco se hunde hasta el fondo significa que era el destino, tú y yo hemos perdido a un amigo, pero hemos hecho una obra de caridad cristiana. Cosas del Evangelio…

Nos fuimos a principios de junio de 1948, mi esposa y yo y el niño (Alberto) de cuatro años y medio, a un país desconocido, lleno de encanto y  lleno de esperanza.

En ese momento el Uruguay “era la Suiza de América del Sur, lleno de oro y el bienestar, donde el sol sale para todos y nadie se muere de hambre. Las oficinas de bancos y cambistas llenas de Krugerrands de oro, Águila Real Mexicana, Veinte Dólares de plata,Libras Esterlinas, Napoleones,etc.-  Plátanos, pan blanco, gasolina, como si lloviera del cielo, carne hasta por castigo.

 

(C)(R) Traducido del italiano por Alberto Gorian (Valencia sept.2012)

Le acque di Treviso

Breve manoscritto ritrovato pochi giorni fa

La provincia di Treviso e parte di quella di Venezia e Pordenone sono ricchissime di acque sotterranee.

C’è una vastissima letteratura sulle fontane e fontanelle di Treviso città. Se ne contano a centinaia. La città è attraversata dai fiumi Sile, Cagnan e Botteniga.

Chi si accinge a scavare per qualsiasi motivo a più di cm 50-100 di profondità molte volte si trova l’acqua sotto i piedi. Ne sanno qualcosa i costruttori i quali tengono sempre pronta in cantiere la pompa idrovora. Non si sa mai. I pozzi artesiani non si contano. L’acqua vien su da qualsiasi profondità, da 3 come da 300m. Ottima, potabile, per adesso. Poi vedremo, con l’inquinamento che dilaga.

Ecco spiegato brevemente il motivo per cui qui, in questa provincia, si afferra al volo l’apparire di quest’acqua benedetta e la si utilizza per gli usi domestici, per irrigare e per sfruttarla a scopo ornamentale: piscine, stagni, laghetti, cascatelle, ruscelli ecc.

Rocce? Sì, tante,  per tutti gli usi, purchè di pietra naturale. Mai vedrete il sottoscritto impiegare il cemento o il ghiaino lavato.

Collocare e disporre le rocce ed i sassi non è mestiere facile. Occorrono grande studio, spirito d’osservazione, addestramento, equilibrio e buon gusto.

 

Ida Tonini: “Un padre, un marito, un artista”

Ferrante Gorian, storia di un artista giardiniere dimenticato
L’intervento di Ida Tonini durante l’evento per il centenario della nascita di Ferrante Gorian il 14 aprile ai Vivai Priola (Treviso).

Sosteneva Russell Page, dei paesaggisti il guru, che “per creare uno spazio verde davvero bello occorrono un appassionato committente, un esperto architetto e un umile giardiniere.” Dimenticava però un’altra verità, che la fama di un artefice di giardini è strettamente proporzionata all’alto lignaggio della committenza. Ottimi artefici di giardini, capaci di un’accurata progettazione del verde, fondata non solo sull’indispensabile padronanza botanica, ma anche su una profonda conoscenza dell’arte giardiniera, sono per questo rimasti  nell’ ombra, nascosti tra le pieghe della fama.

E’ il caso di Ferrante Gorian, nato a Gorizia ne 1913 e morto a Treviso, nel 1995 nel pieno della sua  attività all’età di 82 anni. Oggi siamo tutti qui, invitati da Priola per fare luce sulla sua importante figura di artista, di marito, di padre.

@@@

Sono qui a parlarvi di questo maestro giardiniere grazie a Pier Luigi che  mi ha fatto entrare nei giardini firmati Gorian. Senza supponenza, ma con il garbo di un Virgilio contemporaneo, mi  ha  segnalato l’originalità, la sapienza, l’abilità del maestro di disporre come in un palinsesto musicale tutte le possibili cromie dei verdi, dipingendo arazzi di verzura soprattutto ai margini dei suoi giardini per  proteggerli e isolarli dalla città diffusa intorno, in continua e sgradevole crescita.

Con  vivacità di spirito, con  eleganza ricca di humour e con quel tocco di poesia, che lo distingue, Priola mi ha descritto l’uomo e l’artista in modo da farmelo quasi vedere: alto, elegante dallo sguardo fiero, quello sguardo da alpino che scruta lontano, lavorare in quei giardini, modellare lo spazio dilatandolo con efficace capacità prospettica, educare i clienti più con le azioni che con le parole, sovrintendere alla piantumazione di essenze arboree e arbustive, scelte con cognizione di causa tra le tante possibili, non solo per le cromie del fogliame, ma anche prevedendo il loro sviluppo morfologico. Asciutto nella figura e nei modi, mi si dice,   consapevole del suo profondo sapere, eppure sempre desideroso di approfondire, studiare, cercare e nel contempo generoso e prodigo nel mettere a disposizione le sue conoscenze a chi si dimostrava veramente interessato.

Si sostiene che dietro un ottimo vivaista,  esista la figura di un  giardinista, come si autodefiniva Gorian, con  una preparazione botanico-agricola-paesaggistica di altissima qualità. Lavinia Taverna, autrice di un giardino ‘mediterraneo’, noto in tutta Europa, ha stimolato e fatto crescere Mario Margheriti, Fernando Caruncho si è servito dell’ottimo Mati, che con lui ha attraversato l’oceano, Ferrante Gorian sembra sia stato esigentissimo con Pier Luigi, agli inizi giovane giardiniere ligure arrivato nella Marca Trevigiana a cercar fortuna.  Sostiene Priola che fu proprio il paesaggista goriziano in una continua sfida a cercare essenze non comuni, alberi e arbusti, tappezzanti e rampicanti insoliti, a indirizzarlo nella difficile arte di vivaista  soprattutto di erbacee perenni proposte, diversamente da prima, per colore e non mischiate, secondo una esigenza categorica di Gorian.

Mi è stato chiesto di far luce più che  sull’artista  Ferrante Gorian, su Gorian marito, e padre. Compito non facile perché non ho mai conosciuto personalmente il Nostro, ma in compenso ho avuto la fortuna di incontrare parte della sua magnifica famiglia, che compatta onora padre e marito e, con amore, da sempre cerca di mantenerne viva la memoria affettiva e artistica.

Tutti i quattro figli dell’architetto, Alberto, Fiorenza, Fabio e Giorgia si sono impegnati fin da subito nel riordino di appunti, schizzi e documenti rintracciati nell’archivio familiare e nel cercare ogni informazione possibile altrove a volte seguendo labili tracce. Con tutto questo materiale hanno costruito un sito web www.ferrantegorian.com di estremo interesse.

Oggi il figlio Fabio presenta il libro Ferrante Gorian, paesaggista, Fiorenza,  si è assunta l’impegno di accudire e sostenere la Signora Gorian, la bella signora Albertina Gorian, giorno dopo giorno, con serena sollecitudine. Giorgia, appena tornata dall’Uruguay, dove grazie al ritrovamento fortunoso di un elenco telefonico di Montevideo ha potuto rintracciare brani di giardini progettati dal padre ormai più di mezzo secolo fa, mi ha seguito fin dall’ inizio con affettuosa pressione e colmandomi di gentilezze e di un  dono veramente speciale. Un dono che mi ha permesso di comprendere, tassello dopo tassello, la forte personalità di Gorian.

Se sono qui e posso dirvi qualcosa di più di Ferrante Gorian privato è tutto merito della figlia Giorgia che mi ha di fatto ‘regalato’ l’interessante carteggio Gorian-Porcinai. Un testo fondamentale per  conoscere il pensiero e il carattere non solo di Gorian, ma anche di Pietro Porcinai. Due personalità forti, acute e intelligenti, moderne e visionarie, per molti versi simili, ma totalmente incapaci di condividere lo stesso spazio.  Le lettere rivelano i loro forti contrasti,  la strenua lotta che  da fieri titani, da combattenti intrepidi, si sono fatti sempre. Un po’ capoccioni tutti e due. Si direbbe a Roma. Tra di loro una vera incompatibilità di carattere. Il massimo dell’improperio? L’uno accusa  l’altro di essere egoista. Sono pur sempre uomini dell’Ottocento e nonostante la loro rispettiva aggressività sono capaci di una grande controllo; sostenuti, è certo, da una grandissima stima  reciproca, offrono sempre e comunque l’immagine di grande stile, e di perfetta educazione

Mi auguro che questo carteggio così moderno e attuale, così acuto e intelligente possa essere dato presto alle stampe.

Proprio in alcune lettere a Porcinai Gorian esprime in modo molto chiaro e netto il suo pensiero:

23 gennaio 1962. La lettera presumilmente è stata scritta dopo aver lasciato lo studio di Porcinai, che lo aveva accolto al suo rientro in Italia dall’Uruguay.

…. Perde il tempo chi non sa vivere. Io ‘ho vissuto’e sono stato tanto, tanto felice. Così, proprio come ti scrivo, tanto felice… Nulla può per farmi rinnegare gli anni di soddisfazioni senza limiti che la libertà dell’Uruguay mi ha dato. Paese tanto piccolo, ma che ha tanto da insegnare alla sapiente Italia.

E’ per questo che qualche volta ti sto ad ascoltare a bocca aperta e rileggo senza capire quando parli o scrivi di ‘soddisfazioni’. Quali? Morali, spirituali, artistiche, economiche, finanziarie, famigliari, sociali?

Non capisco o forse capisco troppo, quando dici che bisogna sapere rinunziare al proprio comodo per il bene comune (fama, gloria, ricchezza?) per la libertà individuale.

Rinunciare alla gioia di vivere per sacrificare tutto sull’altare del dio denaro, mangiando per giunta veleno per colpa di Tizio o di Caio, ti dico francamente: NO e grazie di tutto. Il denaro non è tutto, anzi non è niente: si guadagna e si perde, si perde e si guadagna. E’ certo che anche i frati ne hanno bisogno per tirare a campà…. Nemmeno ritengo che per poter organizzarsi in team sia necessario l’autolesionismo della vita privata. Vivere è lavorare con intelligenza, con gioia. La metà delle persone con le quali ho parlato in Italia, non sanno vivere, non sanno lavorare. Corrono dietro ai miraggi, alle ricchezze, sacrificando il loro fisico, il loro tempo, la loro famiglia. Vanno avanti con le iniezioni. Sono macchine, non uomini. Chi glielo fa fare?

Che meravigliosa dichiarazione d’intenti! Che stupefacente visione del mondo del lavoro, degli affetti.

Gorian era un figlio d’arte la sua era una famiglia di vivaisti, floricoltori, fiorai. Il nonno Francesco aveva a Gorizia la ‘fioreria’, punto vendita del vivaio di cui si occuperà il padre, che morirà molto giovane. Ferrante Gorian inizia quindi giovanissimo la sua educazione di giardiniere presso la celebre scuola di Pomologia dell’Istituto Agrario  di Firenze, avendo tra i suoi insegnanti  Pietro Porcinai, di solo tre anni più grande di lui.  La laurea in Architettura del Paesaggio all’Università olandese di Apeldoorn  arriverà  più tardi e dopo molte altre esperienze nel 1957.

Tra Porcinai e Gorian agli inizi si instaura un legame di armonia e stima reciproca tanto che nel 1946 Gorian è con Porcinai a Piazza del Carmine, una vera bottega rinascimentale, dove assoluto e assolutista regna tra tutti il Maestro toscano.

Difficile pensare oggi come quei due giardinieri dalla forte personalità,   belli ed eleganti,  abbiano potuto lavorare sotto lo stesso tetto. Gorian resiste per due anni, consapevole forse del suo bisogno di consolidare e completare le proprie conoscenze  e capacità giardinistiche.

In quegli anni Porcinai, con l’aiuto di Gorian, progetta anche l’organizzazione dell’AIAP (Associazione Italiana Architetti del Paesaggio), realizzata sul modello dell’IFLA (International Federation of Landscape).

Nel 1948 il Nostro coraggiosamente prende il volo e si trasferisce con la famiglia, la Signora … e il piccolo Alberto a Montevideo.  Porta con sé  sementi di fiori e arbusti della sua terra .

In quella terra, all’epoca ritenuta la Svizzera   del Sud America, Gorian fa degli incontri importanti con architetti del calibro di Lucio Costa e Oscar Niemeyer e con paesaggisti quali Roberto Burle Marx, impegnati allora nella realizzazione di Brasilia. Burle Marx, poeta, musicista, scultore, pittore, amico di tutta una vita, ospiterà spesso Gorian nella sua chacra (fattoria) il Sìtio de San Antonio, lussureggiante di piante tropicali. Insieme la strana coppia, ex alpino, alto e slanciato Gorian, rotondetto con baffi spioventi, il  paesaggista brasiliano, s’inoltreranno più d’una volta nella foresta Amazzonica, con lo spirito dei leggendari cacciatori di piante, alla ricerca di specie ornamentali poco diffuse e insolite,  adatte alla creazione dei nuovi giardini d’ispirazione autenticamente brasiliana.

Ma sono i quadri di Lino Dinetto, artista estense, allievo di Carrà,  promotore con un certo successo in Sud America del movimento di rottura il Gruppo degli Otto,  che illuminano Ferrante Gorian sulla via del suo fare giardino. Da quei dipinti, dove i verdi s’inseguono in accordi cromatici mai uguali, Gorian trae ispirazione per studiare le infinite possibilità di combinazione delle piante, le loro associazioni timbriche, il loro sviluppo morfologico e cromatico, la relazione tra pieni e vuoti. Gliene deriva anche  un nuovo modo di guardarsi intorno e una attenzione febbrile e intensa  alla natura del luogo, che  secondo Gorian può essere riprodotta, fatte le debite proporzioni ma  con estrema naturalezza, nel chiuso di un giardino.

Con questo bagaglio originale e innovativo ( sono 140 le ville e i parchi progettati da Gorian in Uruguay),  Ferrante Gorian nel 1961 deve rientrare in Italia a causa della pericolosa situazione politica del paese di adozione. E’ accolto ancora una volta da Pietro Porcinai, ormai trasferito nella sua storica residenza di Villa Rondinelli.

Ancora una volta le due personalità, burbero e severo il primo, burbero, ma più sognatore il più giovane Gorian, non possono collaborare a lungo. Nel frattempo la cifra stilistica dei due paesaggisti si è differenziata notevolmente. Porcinai interpreta in chiave originale e moderna  i canoni mai dimenticati del giardino formale all’italiana: un accordo perfetto tra masse vegetali e strutture architettoniche (sentieri, scale, piscine, garage, terrazze…).

Per Gorian il territorio, l’ambiente, il paesaggio si comportano come un palinsesto, un archivio ricchissimo d’informazioni da scoprire e da elaborare e il suo giardino risulta uno squarcio del paesaggio intorno, che aderisce in modo decisamente naturale alla casa, progettata nel  giardino e non con il giardino, come amava teorizzare.

Inevitabile quindi un secondo allontanamento, ma i due continueranno a scriversi a lungo e a tentare di trovare una strada comune per diffondere la sensibilità del verde in Italia.

In una lettera scritta subito dopo essersi allontanato dallo studio Porcinai di Villa Rondinelli, Gorian tenta di esprimere a chiare lettere quale è il suo modo di pensare il verde per criticare il modus del suo caro Pietro:

Il fatto è che se anche il tuo Studio diventasse il più importante d’Europa e del mondo, come hai già tentato che lo fosse, non risolveresti il problema del verde in Italia. Il mare è grande la tua barca, piccola. E anche se fosse grande la tua nave, non potresti solcare contemporaneamente il mare su diverse rotte, una rotta alla volta e passerebbero i secoli…

La lotta, a mio giudizio, deve essere capillare, ma dove sono dunque i lottatori? Si deve seminare per raccogliere, ma quanti sono i seminatori? Se avessimo 500 architetti paesaggisti in Italia, saremo solo a metà strada..

Io vedo che in 30 anni tu hai lavorato seriamente, ma hai creato la TUA fama. Hai fatto dei lavori rimarchevoli, ma il problema del verde continua in Italia più grave di prima. Daremo la colpa all’individualizzazione egoista degli altri?  28 luglio 1962

E dopo questa stangata si firma Cordialmente tuo.

Le riunioni domenicali -commenta ancora Gorian- non si fanno più per il piacere di scambiarsi quattro idee ma per combinare affari.

A San Domenico ero direttore dei lavori…di carta. Interminabilmente seduto a tavolino. Il  tale lavoro non aveva niente a che fare con l’arte -questo è una dichiarazione fondamentale per capire il disagio di Gorian nei confronti del suo ex datore di lavoro- e aggiunge e per me fondamentalmente romantico, non poteva offrire interesse, né essere un incentivo.

Per Gorian l’idea del Verde e la sua esistenza non dipendeva da esperti, ma da una coscienza collettiva che deve essere risvegliata. Diffondere l’interesse e l’amore per il Verde in Italia, era per il goriziano una vera e propria missione.

Anche Porcinai, sognava di potersi dedicare al verde collettivo, al miglioramento delle città e dell’ambiente e alla protezione del paesaggio, ma avendo più uso di mondo si era lasciato via via conquistare da  una committenza prevalentemente alto borghese che gli assicurava successo, gratificazioni tangibili e assolutamente personali.

Eppure ancora dopo due anni dal secondo allontanamento nel gennaio del 1964 Gorian scrive al Caro Pietro:

Se tu avrai qualche idea pratica da avviare (ne avrei parecchie) e da attuare per muovere questo pesante carrozzone della insensibilità generale  contro i problemi generali del verde in Italia, sono disposto a venire a Firenze o altro posto in uno dei prossimi giorni per trattare la questione. Oppure proponimi tu data e luogo, purché lontano dagli assalti del telefono e dei tuoi dipendenti…

La voce di Pietro Porcinai in risposta alle lettere a volte piuttosto caustiche di Gorian è sempre più controllata, più dosata, sicuramente più distaccata e fredda, con fastidiose stoccate pungenti, ma anche sinceramente rammaricata:

Tu ed io, che dovremmo parlare la stessa lingua, siamo purtroppo molto lontani l’uno dall’altro perché tu ti sei voluto allontanare: ed è un gran peccato.  3 aprile 1964.

Gorian, anticipatore di una profonda consapevolezza ecologica, nell’arco della sua intensa attività, si è spesso opposto con tenacia alla mentalità dei tempi, alla volgarità di certo potere che costruiva e distruggeva senza alcuna attenzione alla natura. Unico forse, dichiara, per esempio, che l’alberatura stradale non è sempre paesaggio, anzi a volte crea una sorta di muraglia che impedisce al guidatore di percepire oltre il meraviglioso mutevole sempre panorama  del Bel Paese. Quindi, là dove la strada fiancheggia dei boschi e in prossimità di certi paesaggi tipici, o lungo il Terraglio con ville e parchi  magnifici, le alberature  possono essere superflue.

Vicino, vicinissimo a quanto espone in anni più recenti il grande paesaggista-filosofo francese Gilles Clèment nel suo Manifesto del Terzo paesaggio (2004). “Tutto quello che si trova ai margini, di un bosco, di una strada, di un fiume,  quegli spazi dismessi e dimenticati sono essi stessi frammenti di paesaggio”, Gorian, denunciando la distruzione della vegetazione spontanea lungo i canali della Feltrina così commenta:  “robinie, olmi, pioppi, ciliegi, susini selvatici, biancospino, noci, carpini, aceri campestri, tutti costituiscono un rifugio per la biodiversità; tutto un mondo di materiale pittoresco, validissimo, insostituibile, cresciuto naturalmente e spontaneamente, che costituiva, esso si, la prima piattaforma per una strada paesaggistica, per un panorama verso il Montello e le Prealpi. Poteva essere un paesaggio dolce e umano…”

Ce ne vorrebbero di uomini come lui ancora oggi. La tensione, la  fermezza, l’ impegno con i quali Gorian si è opposto alla storia, alla mentalità dei tempi, alla volgarità di certo potere sono anticipatrici di quell’irrinunciabile rispetto per il territorio e il paesaggio che ancora oggi stentano ad essere valori primari dell’uomo.

@@@

Significativo nei primi anni Ottanta è il ricupero a parco di 180 ettari dell’area industriale inquinata di San Giuliano, alle porte di Venezia, al quale Gorian aveva profuso tanta e accorata partecipazione. Abbandonato poi a se stesso il parco si sarebbe trasformato negli anni in una landa desolata e oggi, ripiantumato in modo maldestro e dispendioso, offre ai viaggiatori una visione straniante e desolata, benché distribuito ormai su 700 ettari.

Pur limitato da un contesto molto meno vasto e meno vergine di quello uruguaiano (numerosi insediamenti agricoli, territorio frammentario, città diffusa, flora locale impoverita), Ferrante Gorian, spronato da un profondo senso etico del paesaggio e da una appassionata ossessione, progetta  giardini privati,  parchi pubblici, riqualifica tratti di strade, bonifica e risistema a verde  aree degradate. Lavora non solo in Veneto, ma anche e molto nella sua terra d’origine, in Friuli e Venezia Giulia e ancora in Piemonte, in Brianza e Svizzera.

Sono numerosi i giardini privati realizzati da Ferrante Gorian e alcuni di essi, soprattutto  nella Marca Trevigiana, sono visitabili e mantengono intatta la peculiarità del suo inconfondibile stile.

Superati i cancelli si è colpiti dalla particolare morbidezza e fluidità dell’impianto. Gli angoli non sono retti ma smussati sempre da presenze arbustive che creano l’illusione di una dilatazione dello spazio. I sentieri in pietra locale sono in parte inghiottiti da prati o da essenze striscianti tra filari e siepi rubati alla campagna, i ruscelli rimbalzano tra rocce ricuperate poco lontano, gli specchi d’acqua, altra presenza ineludibile, entrano anche nelle case con il loro sofisticato bagaglio di piante anfibie e acquatiche. Perfino i tronchi, unico segno grafico, appaiono ritmati in modo da creare battute e pause diverse. Pietra, acqua, terra, vegetazione si armonizzano e si congiungono discretamente con le architetture presenti, realizzando un inserimento  del verde, profondo e ben calibrato.  Il tutto racchiuso tra  quinte arboree e arbustive  composte con leggerezza e incantevole vaporosità, un’ossatura quasi trasparente che attrae  il  visitatore come una selva familiare, accessibile, affatto terrifica, ricca di contrasti ombra e luce e di felici vibrazioni cromatiche, mutevoli in ogni stagione dell’anno.

Proprio le trame dei suoi schermi vegetali, pensati per occultare il traffico e il cemento,  connotano più d’ogni altro cosa l’opera di Gorian: corbezzoli,  betulle a ceppaia, vari tipi di aceri, faggi e querce, ciliegi da fiore e da frutto, e quando ci vuole un tocco più suggestivo, la Callicarpa giraldiana, che genera una cascata di macchie color viola intenso in autunno.  Ferrante Gorian “tira dentro il paesaggio”, quello stesso che si può intravedere oltre la siepe fino ai profili montani tanto spesso riprodotto da Giorgione o da Cima da Conegliano, pittori della Marca Trevigiana. Che siano piccoli eden privati o grandi parchi, restituiscono tutti lo stesso incanto, la stessa capacità di avvolgere il visitatore in un abbraccio intimo, morbido, dolce, naturale.

Così avviene nell’immenso parco privato di Ca’ Morelli a Biancade (Treviso), suo ultimo lavoro dove la natura è ricreata con quinte di rigogliose melie (Melia azederach) e carpini piramidali (Carpinus bet. “Pyramidalis). All’interno, lo spazio giocato in modo da creare diverse e mai uguale prospettive. ospita piante autoctone e non, accostate ad un’infinita varietà di rose sarmentose antiche, previste nel progetto di Gorian e scelte con accurata perizia da Anna Peyron.  Ritroviamo lo stesso incanto anche in un minuscolo giardino veneziano, godibile  da un ponte su uno dei rii assolati di Dorsoduro, composto da  pochi elementi: la pietra d’Istria della vera da pozzo, il ferro battuto di una pergola drappeggiata da una rosa antica, il sentiero amebizzato da  piante erbacee perenni da fiore e da fogliame.   Questo esercizio di stile riuscitissimo  può essere paragonato all’idea giapponese di ricreare la natura, l’infinito nel finito, ma nei risultati riesce soprattutto a restituire la poesia e l’atmosfera quieta e delicata di un giardino tipicamente  veneziano.

Domenica floreale con i giardini di Ferrante Gorian

Fonte: La Tribuna di Treviso, 14 aprile 2013

Ferrante Gorian oggi avrebbe compiuto 100 anni. Ma il maestro friulano del
giardino è scomparso nel 1995, dopo avere portato la sua rara maestrìa ben oltre
i confini regionali, rivestendo un ruolo fondamentale nel rinvigorire, nel XX
secolo, l’arte del giardino pressoché andata perduta. Suoi piccoli capolavori
del verde domestico sono ancora presenti nel Trevigiano, nella zona di Roncade e
Silea. E oggi a Treviso lo si ricorda con una lunga giornata tra i fiori nel
vivaio di Pierluigi Priola di via delle Acquette, ripercorrendo il paesaggio e i
giardini di Ferrante Gorian nel bellissimo libro che gli è stato dedicato. «Un
evento che potrebbe e dovrebbe interessare non solo gli amanti dei giardini, ma
anche quanti hanno a cuore l’equilibrio fra l’uomo e la natura ovvero il senso
della vita armoniosa e del paesaggio che viviamo» sottolinea Antonio De Marco
dell’Osservatorio culturale Antelao, invitando a vivere una domenica al vivaio
Priola che in molti (fra cui l’architetto Paolo Pejrone), giudicano fra i più
razionali e completi d’Europa. Ferrante Gorian, secondo De Marco, è un felice
interprete della moderna architettura del paesaggio. Fu attivo essenzialmente
nel Veneto dove ha lasciato significative opere, fra cui il parco di San
Giuliano a Mestre e molti giardini nella Marca Trevigiana, ma anche in Piemonte,
in Svizzera e soprattutto in Uruguay, dove in circa vent’anni realizzo140
giardini. Nelle sue opere, Gorian piantava alberi già grandi, con portamenti
particolari, cercati con cura e allevati per lui da vivai specializzati;
studiava percorsi di profumi, creava raffinate composizioni di piante
acquatiche. Con esiti di grande pulizia compositiva, spazialità e semplicità
naturalistica. Priola era uno dei suoi maggiori referenti nelle realizzazioni,
ma anche nella ricerca di varietà particolarissime com’è avvenuto per la “viola
cornuta”. Nel vivaio di via delle Acquette c’è ancora la traccia della sensibile
arte di Gorian: il laghetto posto all’ingresso del vivaio. Oggi la famiglia
Priola (Valentina, Mirko e la mamma Gabriella) apre le porte dell’oasi floreale
in memoria del maestro, di cui saranno esposti in una mostra i progetti,
affiancata dalla presentazione di una pubblicazione a cura di Fabio Gorian, con
un intervento di Annamaria Conforti Calcagni e un ricordo della giornalista
veneziana-romana Ida Tonini che da anni si occupa dell’opera di Ferrante Gorian.
L’evento inizia alle 10.30 e la partecipazione è libera. I Vivai Priola avevano
salutato la primavera con una due giorni dedicata alle violette; per il weekend
del 18 e 19 maggio in calendario ci sono le giornate delle farfalle. Altri
eventi poi sono previsti ad ottobre. Per informazioni più complete
www.priola.it.